miércoles, 5 de noviembre de 2008

La Coronación del Rey de la Isla de Wallis

Eclipsado por la coronación del Rey de Tonga, otro tradicional monarca polinesio fue coronado en la misma semana de 2008. El nuevo rey de Wallis y Futuna, las paradisíacas islas del Pacífico, Kapiliele (Gabriel) Faupala fue coronado a las sesenta y ocho años de edad el 25 de julio ante una asamblea de dos mil personas, jefes y funcionarios franceses, que son los dueños y administradores de las islas. Él es ahora conocido como su alteza el rey Kapiliele Faupala y tiene títulos tradicionales como el de Tui ‘Uvea, de Lavelua o Hau Lavelua. Sucedía así entonces al anciano rey Tomasi Kulimoetoke II, que murió en mayo de 2007 después de un registro de un reinado récord de 48 años de duración, y durante la mayor parte de su vida adulta se había desempeñado como miembro del Consejo de Ministros, un cuerpo administrativo local que goza de cierto reconocimiento de parte de París luego del Estatuto de Territorios de Ultramar de 1961.

Aquel 25 de julio, las ceremonias de coronación fueron el punto culminante de una serie de elaboradas ceremonias religiosas que incluían la entrega de ofrendas y el ritual del kava, que tuvieron lugar en los jardines de Marae Sagatosoane (“sagrado lugar de encuentro”), en Mata’Uti, la capital de Wallis, donde había sido sepultado el rey Tomasi. Las ofrendas que fueron llevadas al lugar sagrado delante del Palacio Real fueron cien cerdos, según la costumbre, y muchos aldeanos de Hahake se acercaron a dejar una gran diversidad de presentes, la mayoría de los cuales eran frutos de la tierra, animales y objetos que simbolizan la paz, la fecundidad, la prosperidad... La misa de coronación se inició a las 7 de la mañana, y a las 9.45 exactamente Kapelilele Faupala era entronizado en Malae Sagato Soane, no sin antes realizar las cinco paradas simbólicas antes de llegar al trono: primero le fue servido en copas el tradicional kava por cinco jóvenes e la aldea de Mata Utu; en segundo lugar se realizó el Kai Kai (comida tradicional) para lugar pasar al Katoaga (la entrega de presentes) y finalizar con las danzas tradicionales de las islas, al estilo hawaiano.

Es en honor a Samuel Wallis (1728-1795), un navegante y explorador inglés que circunnavegó la Tierra en el segundo viaje de exploración inglés al Océano Pacífico, que la isla de Wallis recibe su nombre. Junto con Futuna (o Fortuna) forman dos grupos de islas separados por 250 kilómetros de mar. El primero (159 kilómetros cuadrados), más al norte, está formado por la isla de Wallis y algunos islotes deshabitados que la rodean. Para acercarse a la isla los barcos grandes tienen que entrar por el sur, para esquivar el arrecife coralino que rodea a la isla. Es una isla bastante llana y tan solo alcanza los 145 metros de altura en el monte Llu Fakahega.

Más al sur se encuentran las Futuna, con las islas de Futuna y Alofi, que suman 115 kilómetros cuadrados de área. Son montañosas y de origen volcánico. El pico más alto es el Monte Puke, en la isla de Futuna, que alcanza los 524 metros de altura. La isla de Alofi, a solo dos kilómetros de Futuna, se encuentra deshabitada por la ausencia de agua dulce. Sin embargo en Futuna hay numerosas fuentes. El territorio esta dividido en los tres reinos tradicionales: Uvea en la isla de Wallis, Sigave en la parte occidental de Futuna y Alo en la isla de Alofí y en la parte oriental de Futuna, y aunque el Jefe de Estado es el Presidente de Francia (actualmente el mediático Nicolas Sarkozy), representado por un Alto Comisionado, el Consejo del Territorio está formado por los tres reyes y por tres miembros apuntados por el alto comisionado junto con la Asamblea Territorial. El rey de Wallis tiene un enorme poder simbólico y tradicional, y es respetado y consultado como si fuera el verdadero Jefe del Estado, por lo que no pocos descartan que, algún día, en el futuro, si Francia permite que Wallis se independice, el lavelua (“rey”) sea el jefe del Estado de la nueva nación.

La gente de Wallis y Futuna son principalmente polinesios y hablan tongano o samoano y algo de francés. Es difícil entenderse en inglés, por lo que saber un poco de francés facilita bastante las cosas. Los wallisianos descienden de tonganos, mientras que los futunianos desciende de samoanos, con lo cual las diferencias entre unos y otros tanto en el idioma como en la cultura son fácilmente perceptibles. La isla está habitada por polinesios desde hace 3000 años, pero los europeos no llegaron allí hasta 1616, cuando unos navegantes holandeses las avistaron. Las Wallis fueron descubiertas por los ingleses muchos años más tarde, en 1767.
A pesar de que fueron descubiertas por los holandeses y los ingleses durante los siglos XVII y XVIII, fueron los franceses los primeros europeos en asentarse en el territorio. Esto con la llegada de misioneros galos en 1837, los cuales convirtieron al catolicismo a la población local. El cura misionero francés San Pietro Chanel (1803-1841), al ver que las tribus eran caníbales y que la religión que se practicaba imponía el terror, decidió ganarse la confianza de los indígenas y por ellos murió, exponiéndose su cuerpo en Villa María (Sydney).

A partir de 1820 fueron los balleneros norteamericanos los que más contacto mantuvieron con estas pequeñas islas. Los misioneros maristas llegaron a las islas en 1837, y desde el obispado de Wallis dirigieron toda la evangelización de las islas Fiji, Samoa y Tonga. El 5 de abril de 1842, los reyes solicitaron la protección de Francia después de una rebelión por parte de la población nativa, y en abril de 1887, la reina Amelia de Uvea (en la isla de Wallis) firmó un tratado estableciéndose oficialmente el protectorado francés. Los reyes de Sigave y Alo, en las islas de Futuna y Alofí, también firmaron el tratado, estableciéndose el protectorado el 16 de febrero de 1888. En 1924 Wallis y Futuna se convirtió oficialmente en una colonia francesa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Wallis fue una importante base americana, con 6.000 hombres destinados a ella, y fue en esa época cuando se construyó la primera pista de aterrizaje de la isla. En 1959 los habitantes de Wallis y Futuna votaron a favor de ampliar su estatus a “Territorio Francés de Ultramar”, y alcanzaron dicho estatuto en 1961. Reinaba por entonces el rey Tomasi, que el 12 de marzo de 1959, cuando Francia cerraba la Cuarta República e inauguraba la Quinta con la vuelta del general Charles De Gaulle, fue coronado como rey de Wallis, heredero de una estirpe real de trescientos años de antigüedad.

Tomasi Kulimoetoke II nació en Ha’afuasia, en el distrito de Hahake, el 26 de julio de 1918 y a los veintiún años sucedió al rey Aloisia como el 47º lavelua de la isla de Wallis, que es conocida como Uvea en el idioma wallisiano. En 1961, tras un referéndum nacional impulsado por él mismo, firmó los tratados con Francia en los que establecía que Wallis era un territorio de ultramar francés, y ya no una colonia o un protectorado. La histórica votación garantizó el derecho de los isleños a la educación gratuita y de las subvenciones para la infraestructura, pero el mayor logro de Kulimoetoke II fue obtener el apoyo de los historiadores y etnólogos franceses en su defensa de que las Islas Wallis y Futuna acogen una etnia única, mitad samoana y mitad tongana. También sostuvo siempre con firmeza que las estructuras tradicionales de los clanes podían y debían cohabitar con Francia y, por tanto, garantizar la supervivencia de la autocrática y no hereditaria monarquía del archipiélago. Aún debiendo sujetarse a la ley republicana, el rey era la única persona autorizada a ejercer el derecho de resolución de las controversias locales. El jefe del Estado de las islas es de hecho el presidente francés, pero las tres familias reales gozan de mucho prestigio y legitimidad, y el rey Tomasi llegó a convertirse en un personaje peculiar: se rodeaba de seis ministros encargados de hacer respetar las tradiciones, las costumbres y las leyes (las locales y las francesas, puesto que el territorio está sometido a la Constitución gala) y para llegar hasta él, debía seguirse un rígido protocolo y acercarse con gran respeto y reverencia. Pese a ello, se decía que “el rey era sencillo y bondadoso”.
Los reformistas también se burlaban del rey insistencia en que los walisianos se bajaran de sus bicicletas al pasar frente a su palacio y tirarse al piso ante su presencia. En el año 2002, el pomposo rey animó a sus conciudadanos, y a Francia, a apoyar el cierre del único periódico de la isla, que había publicado un editorial criticándolo a él y a su familia por dar refugio a un amigo que había sido sentenciado a la cárcel por malversación de fondos públicos.

Tres años más tarde, el rey Kulimoetoke II estuvo a punto de perder su trono luego de que uno de sus nietos, Tomasi Tu’ugahala, fuera sentenciado a pasar 18 meses en prisión por el homicidio involuntario de un peatón cuando conducía borracho su automóvil luego de las fiestas de Año Nuevo. El rey invitó a su nieto a refugiarse en el palacio real, donde el joven estuvo escondido durante antes de entregarse a los gendarmes franceses. El propio rey urgió a Francia, ante el escándalo, “abandonar el colonialismo”, alegó que el accidente debía ser compensado de acuerdo a la costumbres y leyes tribales, y que el derecho penal francés debía ser abolido de inmediato en Uvea. Los reformistas de armaron de enojo, y declararon abiertamente su deseo de poner al anciano rey e instalar a Sosefo Mautamakia como su sucesor, organizando incluso una falsa coronación que, debido a los violentísimos disturbios de los seguidores de Kulimoetoke II debió ser pospuesta una y otra vez hasta no realizarse. El rey conservó el trono y Francia, tal vez muy a su pesar, o tal vez con total indiferencia, le ofreció su apoyo.

Su hija Etua (fruto de su matrimonio con Kafala Heafala) se hizo cargo de sus deberes ceremoniales en los últimos años, cuando sufrió de mala salud, y el rey terminó falleciendo el 7 de mayo de 2007 en Mata-Utu. Las causas de la muerte no salieron a la luz, pero, según sus allegados, los incidentes que sacudieron la isla en 2005, y que casi le costaron la corona, deterioraron su estado físico y anímico. Centenares de ciudadanos se congregaron frente a las puertas de su palacio en Mata-Utu, para llorar la muerte del padre de la nación y guardián de las tradiciones más ancestrales y preciadas del archipiélago. Se observó un riguroso periodo de seis meses de duelo durante el cual era tabú hablar de un posible sucesor al trono.
El Consejo del Territorio de Wallis y Futuna consta de los tres reyes isleños (el de Uvea, el de Alo y el Sigave) y tres miembros designados por el administrador de alta en el asesoramiento de la Asamblea Territorial, que se encargan del gobierno. Pocos meses después del fallecimiento de Kulimoetoke II se anunció que el trono de Wallis sería ocupado por Kapiliele Faupala, un hombre honrado y dedicado a quien el difunto rey había señalado como su preferido para sucederle, y que se unía así al rey Visesio Moeliku de Sigave. El trono de Alo se encuentra actualmente vacío.
Faupala, localmente conocido como el Kalai Ki Valu por los wallisianos, se había desempeñado anteriormente como funcionario público de la administración francesa y el Departamento local de Obras Públicas, donde sirvió hasta 1995. Nació en 1940, y proviene de la aldea de Ahoa, en el centro de Wallis. El anuncio de su entronización provocó una importante oleada de protestas de los otros clanes, principalmente de Wallis, incluidas las familias reales que presentaron también su lista de candidatos para el trono real. Las dos principales familias reales de Wallis, Hahake y Mu’a del Norte y el Sur de la isla de Wallis, respectivamente, protagonizaron una feroz batalla por la sucesión tras bastidores a fin de asegurarse su permanencia en el trono, pero fue finalmente la elección del Consejo prevaleció.